Esta misma noche escuché a Iñaki Gabilondo en Cuatro afirmar impertérrito que hay un consenso global de la gran mayoría de científicos sobre el calentamiento global, con la discrepancia de un pequeño grupo, al que tildó de “negacionistas“, algo así como si estuvieran negando la existencia de los campos de concentración nazis.
Sin embargo existen más “negacionistas” de lo que nos quieren dar a entender. Un insigne negacionista podría ser Manuel Toharia, que por cierto es colaborador habitual en la cadena SER, del mismo grupo editorial para el que trabaja el señor Gabilondo, como se reseña en este artículo.
Sin embargo, lo más interesante de dicho artículo está en los comentarios, que inciden en algo que no me cansaré de repetir: El tema del cambio climático hace tiempo que dejó de ser una discusión científica para ser un argumento político. Ya no interesa la verdad, sino cada cual arrimar el ascua a su sardina. Se ha instalado una gran corriente de pensamiento único, que impide oír las voces discrepantes o escépticas.
Pero ahora se está uniendo un nuevo factor: se está convirtiendo también en un gran negocio. De los comentarios anteriores llego a esto:
¿Quién dijo que el cambio climático no podría ser también un gran negocio?
James Cameron se juega decenas de millones de dólares invirtiendo en dióxido de carbono, la causa principal del calentamiento global. A cambio de reducir las emisiones en China, su empresa -Climate Change Capital- vende el derecho a lanzar CO2 al aire en Europa. Su precio ronda los 24 dólares (17 euros) por tonelada.
¿Derecho a contaminar?
Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos y ganador del
Premio Nobel de la Paz por su lucha contra el cambio climático, ha promovido la compra-venta de emisiones de CO2 una vez que las autoridades reguladoras limiten los niveles de emisión.
El año pasado el crecimiento del mercado mundial de carbono se multiplicó por tres, hasta llegar a alcanzar los 30.000 millones de dólares, según el Banco Mundial. Los inversores han inyectado alrededor de 12.000 millones de dólares a los fondos dedicados a la contaminación, según New Carbon Finance. Para 2020, las previsiones auguran que el tamaño del mercado mundial de carbono podría dispararse hasta los 565.000 millones de dólares, según cálculos de la empresa de investigación Point Carbon, de Oslo.
La fiebre del carbono
En enero, Morgan Stanley compró un 38 por ciento de MGM International, una empresa de Miami que invierte en proyectos de reducción de emisiones, como parte de su incursión en el mercado de carbono. Para ello invirtió 3.000 millones de dólares. En junio, Credit Suisse compró un 10 por ciento de EcoSecurities de Dublín.
(Fuente: El Economista – El negocio de las emisiones de CO2)
Por último os pongo un vídeo con un documental lleno de “negacionistas”. En el artículo mencionado más arriba podéis encontrar más vídeos y referencias interesantes, incluyendo el del señor Al Gore, que por cierto, se está forrando (premio Nobel a parte) a base de dar conferencias por todo mundo mientras viaja en su jet privado, en el que suponemos que tanto él como la tripulación pedalearán con esfuerzo en cada viaje, porque si no, menudo gasto de combustibles fósiles y emisión de CO2 sería ¿no?
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